|
Para imaginar cómo habría llegado Simón
Bolivar a la antigua ciudad de La Paz.
Luís Rico, En concierto
Memoria eterna
- Homenaje al
fundador de la ciudad de La Paz
"La
Entrada de Simón Bolívar a Chuquiago Marka" (VER ABAJO)
El
loco Borda -
Extraordinario pintor
Arturo Borda
Portocarrero -
Homenaje al Autor del
Tango Illimani
Jaime Sáenz -
Homenaje al Poeta
bohemio
La
Tía Núñez -
Adriana Núñez del
Prado
En
el funeral del río -
Del medio ambiente en La
Paz
Matrimonio en el conventillo
- Homenaje a las
casonas-barrios
Amores de barrio chico
- De lo social en los
conventillos
Lluvia y granizo
- De la granizada del
año 2002
Mi
corazón en la ciudad
- Homenaje a la
ciudad
El
contaminador -
Autorreflexión final |
|
Simón
Bolívar en Chuquiago Marka
Relato.
Cuatro notable alturas
dominaban la ciudad: MUNAYPATA o la altura del amor, CUSIPATA o
altura de la alegría, HULQUIPATA región de Santa Bárbara y
LAYKHAPATA zona del Tambo de carbón. Bajando de allá por la
calle de las retamas, estaba la calle de los zapateros.
Diego Calahumana ha
salido de su casa en la Calle de los Zapateros y ha guiado su
henchido pecho a la calle empedrada por donde llegarán los
libertadores. Tiene noticias que vienen a paso lento cortando
el frío del altiplano, tiene noticias que vienen a paso brioso
por las orillas del Lago Sagrado. La ciudad, vestida de fiesta,
florece sobre el manto de cal de sus paredes. Las muchachas se
asoman tras los visillos, los militares igualan los flecos de
sus charreteras ensayando la voz de mando a la tropa, los
doctores aguantan de pie el planchado de la levita. Todo está
preparado para la llegada de Don Simón Bolívar a este magnífico
valle de Chuquiago Marka.
Canto.
La ciudad de las retamas
Con los ojos
transparentes
Mira el camino de piedra
Que trepa el cerro y se
pierde.
El Illimani la cuida
Con el silencio de
siempre
Los balcones asemejan
Encajes que el roble
teje
Las paredes de cal viva
Blanquean el aire
alegres.
Los
zaguanes se conmueven,
Hay un
latido solemne
Las
campanas de la plaza
Anuncian
que son las nueve.
-Ya veo su
capa roja
Sobre un
gran potro de nieve
Como buen
criollo monta
Segura
briosamente.
Yo me
acerqué sigiloso
Y le dije
con voz tenue
Padre de la
Patria mía
Te haré un
huayño que te muestre
Con las
botas siempre puestas
Y el
continente en la frente.
Simón Bolívar
-¿No serás
tu aquel poeta
Que cantó
con voz doliente
La historia
que ha ensangrentado
Estos
parajes de nieve?
Diego
Calahumana
No soy
nadie, mis poemas
Son
banderas que se yerguen
En las
venas de mi pueblo
Hijo soy de
su simiente.
Simón Bolívar
-Escúchame
Calahumana,
Mestizo de
alma rebelde.
Ayer tuve
un sueño triste
Que me ha
llenado de fiebre.
Desde el
río Grande al sur,
Se alzaba
una Patria fuerte,
Era una
Patria morena
Sostenida
por sus héroes
Y soñé que
sobre el cielo,
Contra esta
tierra doliente,
Se alzaba
un temible imperio
Mucho
después de mi muerte.
Pueblo
-No morirás
caraqueño
Nunca
mueren los valientes
Si algún
imperio quiere
Encadenar
nuestras frentes
Empuñaremos
de nuevo
La espada
que te ennoblece
Cabalgarás
con nosotros
Cuando el
futuro se acerque
Empuñaremos
de nuevo
La espada
que te ennoblece
Si algún
imperio quiere
Encadenar
nuestras frentes.
¡No morirás
caraqueño!
¡Nunca
mueren los valientes!
|
|
MEMORIA ETERNA
Garrobilla
Badajoz
Parió un niño
aventurero
Bautizado por
el clero
Fiel, rebelde
a viva voz.
Al igual que
Hernán Cortés
La aventura
más penosa
Don Alonso de
Mendoza
Puso en tierra
sus dos pies.
Cruzó monte
hacia la luz
Cabalgando su
caballo
Vistió galas,
vistió sayo
Y encontró
aquí la luz.
Los metálicos
hispanos
Los indios a
flor de piel
Probaron
juntos la miel
Un instante
ser los hermanos
A tiempo de
fundarse la ciudad de Nuestra Señora de La Paz, fue plantada una
cruz para dejar establecido su carácter de población cristiana.
A su lado una picota como símbolo representativo de la autoridad
y el cumplimiento de la ley. Así la ciudad de La Paz nació con
olor a pólvora. Este olor a pólvora y este gusto por las
batallas estaba destinado a perdurar, pues lejos de ser un
pueblo de paz, fue siempre un pueblo de guerra, belicoso y
batallador.
Las casonas
coloniales se construían de un piso o de dos apenas con paredes
de adobe y techo de teja. Tenían dos patios que parecían
plazoletas con corral al interior. El frontis tenía cuatro o
seis ventanas de balcones cerrados con puertas de naranjo o
cedro. El empedrado era de guijarros con su canal abierto para
el arrastre de las inmundicias en caso de que lloviera. La Paz
tenía el encanto de sus calles cuyo trazado obedecía a la
estética sentimental del azar y a la geometría pintoresca del
capricho de los siglos. Viejas casonas con aire conventual y
rejas con filigranas de hierro, residencias señoriales de
factura colonial labradas con piedra de sillería, casas
solariegas de rancio abolengo español en las cuales los alarifes
castellanos pusieron la inspiración de su arquitectura
renacentista, barroca y plateresca, allá, los indios dejaron la
huella de sus esfuerzos en el encaje ornamental de las piedras
talladas a cincel.
Las famosas y
empinadas calles de La Paz fueron para su pueblo el camino de su
calvario y también de su gloria.
Los
discordes en concordia
En paz y
amor se juntaron
Y pueblos
de paz fundaron
Para
perpetua memoria.
|